Es frecuente encontrar en las ciudades y en las aldeas a hombres musulmanes que los viernes y días de fiesta y, en algunos casos, también días ordinarios, dejan correr entre los dedos un rosario de grandes y lúcidas cuentas. Tal encuentro no escapa a la admiración de los extranjeros, siempre atentos a descubrir cualquier costumbre folclórica, incluso en los viajes con una finalidad religiosa, como son los que hacen a Tierra Santa.

El rosario de los musulmanes materialmente se parece a un pequeño collar de treinta y tres granos unidos entre sí. Hasta hace pocos años los granos eran de ámbar, materia un poco costosa; hoy en cambio, para hacer la compra del rosario más accesible a los bolsillos de todos, se confeccionan granos de madera de olivo, de plástico, o de algún material semejante al ámbar. Aquí en Tierra Santa también se hacen rosarios con granos de madreperla, accesible en todos los negocios que venden recuerdos turísticos.
Los granos son más bien grandes y de forma redonda u ovalada, con un orificio lo suficientemente grande, para dejar que las cuentas corran con facilidad en el hilo. El collar termina con un adorno o bien con tres o cuatro cuentas alargadas.
Teóricamente el rosario de los musulmanes debería estar formado por noventa y nueve granos, por cien incluso. Para hacerlo más liviano y llevadero se lo redujo a un tercio, quedando la obligación de repetirlo tres veces para completar el número exacto de noventa y nueve.
Este número, más bien simbólico, significa los noventa y nueve nombres o atributos divinos, además del mismo nombre de Dios. Por tanto, el fiel musulmán al desgranar tres veces su rosario invoca, oral o mentalmente, a su Creador con diversos epítetos, a semejanza de las invocaciones litánicas de los cristianos .
Tal práctica religiosa no es obligatoria; solamente es recomendada por el mismo Mahoma, en el capítulo VII del Corán, versículo 180 : A Dios pertenecen los nombres más bellos. Invocadlo con ellos; y alejaos de quienes los aplican erróneamente. Serán recompensados de acuerdo a sus méritos.
El rosario de los musulmanes materialmente se parece a un pequeño collar de treinta y tres granos unidos entre sí. Hasta hace pocos años los granos eran de ámbar, materia un poco costosa; hoy en cambio, para hacer la compra del rosario más accesible a los bolsillos de todos, se confeccionan granos de madera de olivo, de plástico, o de algún material semejante al ámbar. Aquí en Tierra Santa también se hacen rosarios con granos de madreperla, accesible en todos los negocios que venden recuerdos turísticos.
Los granos son más bien grandes y de forma redonda u ovalada, con un orificio lo suficientemente grande, para dejar que las cuentas corran con facilidad en el hilo. El collar termina con un adorno o bien con tres o cuatro cuentas alargadas.
Teóricamente el rosario de los musulmanes debería estar formado por noventa y nueve granos, por cien incluso. Para hacerlo más liviano y llevadero se lo redujo a un tercio, quedando la obligación de repetirlo tres veces para completar el número exacto de noventa y nueve.
Este número, más bien simbólico, significa los noventa y nueve nombres o atributos divinos, además del mismo nombre de Dios. Por tanto, el fiel musulmán al desgranar tres veces su rosario invoca, oral o mentalmente, a su Creador con diversos epítetos, a semejanza de las invocaciones litánicas de los cristianos .
Tal práctica religiosa no es obligatoria; solamente es recomendada por el mismo Mahoma, en el capítulo VII del Corán, versículo 180 : A Dios pertenecen los nombres más bellos. Invocadlo con ellos; y alejaos de quienes los aplican erróneamente. Serán recompensados de acuerdo a sus méritos.
1 comentario:
Muy interesante mi amigo....
Me recordó un cuento de ciencia ficción llamado los 10.000 nombres de Dios, o algo así, no recuerdo bien.
¿cómo vas? espero que bien,
Saludos.
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